La revista de circulación gratuita “La Voz de Parque Posadas” en su N° 74 correspondiente a los meses Marzo-Abril 2015, hizo referencia al vecino Hugo Mir. Un artículo escrito por Adémar Pallares, maestro jubilado, amante de la naturaleza como nuestro Hugo y responsable por mucho tiempo del Vivero que existe en el Parque así como también integraba la Comisión de Medio Ambiente de nuestro complejo habitacional. Leyendo la reseña que hace acerca de este ser exquisito, lo describe tal cual él era y cerrando los ojos, podemos imaginar ese sublime momento cuando toma la guayaba entre sus dedos y la introduce en su boca. Gracias al director dela revista Sr. Juan C. Modernell y al Sr. Adémar Pallares por sus palabras, que siempre quedarán en nuestra memoria y reconocimiento.

Transcribimosel artículo publicado.

 

EL VECINO AMIGO HUGO MIR 

 

Luego de ingresar a imprenta nuestro número anterior recibimos la triste noticia del fallecimiento de Hugo Mir, con quien tuvimos el placer de compartir algunas tareas puntuales en actividades desarrolladas en la Casona relacionadas con la cultura.

Ante la necesidad de expresar nuestras condolencias a su compañera Sandra Arévalo, familiares y amigos, encontramos en la nota recibida del Sr. Ademar Pallares los términos más acertados que los que hubiéramos podido escribir.

Por lo tanto la compartimos con nuestros lectores.

 

El vecino amigo Hugo Mir se nos fue. Entre el dolor y la bronca que su fallecimiento originó, quedan los gratos recuerdos de convivencia parquense. Compartió actividades en la Comisión de Ambiente y en los últimos tiempos, pese a sus “nanas”, mantuvo su apoyo total al proyecto de las áreas verdes.

Fue un hombre de vida sencilla, adverso a los cargos de poder y a la acumulación de cosas materiales. En su país, la República Dominicana, vivió situaciones políticas muy difíciles que supo sobrellevar. Fue un estudioso de la historia de los pueblos latinoamericanos, admiró la vida y el ideario de José Artigas. Le gustaba leer y le gustaba escribir. Sabía escuchar y sabía expresar su pensamiento en forma clara y tolerante. Nunca se enojaba y si alguna vez lo hacía, nadie se daba cuenta, porque mantenía la calma con una amplia sonrisa y el manejo de un vocabulario poético que endulzaba cualquier situación amarga, por algo fue ingeniero azucarero en su país. Fue compañero de la Dra. Sandra Arévalo, apreciada vecina, Presidente de la Comisión Casona.

A Hugo le gustaban los árboles y en especial un guayabo, ubicado a unos veinte metros del vivero. En una oportunidad nos encontramos con Hugo ante el guayabo mencionado y con ese gracejo propio del centroamericano bien hablado, que a veces por su timbre de voz nos recordaba al poeta Nicolás Guillén, expresaba su sentir: “A este árbol le hurté una guayaba, la tomé entre mis manos, acaricié su piel, la olí profundamente, llené mis pulmones con su aroma, cerré los ojos, la puse en mi boca, mordí su carne y llené mi boca con su rico jugo. Por un instante creí estar en mi querido país”.

Los vecinos amigos deberíamos colocar al pie del guayabo un pequeño cartel artesanal con el siguiente texto: “Este árbol recuerda al vecino amigo Hugo Mir”.

 

Adémar Pallares