borges_y_yo

                          Descartes 
Soy el único hombre en la tierra y acaso no haya tierra ni hombre
Acaso un dios me engaña.
Acaso un dios me ha condenado al tiempo, esa larga ilusión.
Sueño la luna y sueño mis ojos que perciben la luna.
He soñado la tarde y la mañana del primer día.
He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron Cartago.
He soñado a Lucano.
He soñado la colina del Gólgota y las cruces de Roma.
He soñado la geometría.
He soñado el punto, la línea, el plano y el volumen.
He soñado el amarillo, el azul y el rojo.
He soñado mi enfermiza niñez.
He soñado los mapas y los reinos y aquel duelo al alba.
He soñado el inconcebible dolor.
He soñado mi espada.
He soñado a Elisabeth de Bohemia.
He soñado la duda y la certidumbre.
He soñado el día de ayer.
Quizá no tuve ayer, quizá no he nacido.
Acaso sueño haber soñado.
Siento un poco de frío, un poco de miedo.
Sobre el Danubio está la noche.
Seguiré soñando a Descartes y a la fe de sus padres.
                                                     Jorge Luis Borges. La cifra, 1981

 
Con motivo de mi cumpleaños, Silvia y Gladys me regalaron una entrada para ir al teatro y ver la obra “La memoria de Borges” del autor Hugo Burel con la dirección de Álvaro Aunchain y la magistral actuación de Roberto Jones. No tengo palabras para describir la obra- diálogo entre Borges y el actor- en un escenario que sólo presenta una silla y tres bastones como escenografía. Las luces, la música, la voz en off con algunos textos de Borges y la actuación de Jones desdoblándose durante una hora y cuarenta minutos es indescriptible. Si hubieras estado ahí, seguro que tu piel se hubiera erizado como la mía en determinados momentos y temáticas. Estuve a punto de derramar unas lágrimas porque te sentí a mi lado querido Hugo, sentí tu mano tomando la mía cuando Borges hablaba con su padre. Seguro que te imaginaste a ti mismo hablando con el tuyo. En ese momento sentí que los dos poetas – Borges y don Pedro Mir- estaban ahí, contando sus penas y sinsabores. Dos mundos distintos pero con cosas en común. Entendí la sensibilidad de los intelectuales, la estética y la ética, lo material y lo inmaterial, los sueños, las ilusiones, las fantasías, las utopías, la desazón y los fracasos. Hubieras sido el primero en pararte y aplaudir cuando la obra terminó. El actor exhausto pero feliz por el reconocimiento de una sala repleta de “vivas palmas y vítores” saludó varias veces y con galantería hasta besó la mano de algunas damas de la primera fila. Se también que hubieras escrito un bellísimo artículo en esta página sobre la obra de José Luis Borges y sus textos y tal vez alguna similitud con tu padre, don Pedro. Seguro que hoy estarías releyendo de nuevo El Aleph, Prólogo con un prólogo de prólogos, Libro de sueños o poesías como Luna de enfrente, El otro, el mismo, La cifra o Los Conjurados.
Mis palabras no son las tuyas, y mis emociones tal vez sean diferentes ante tan magnífica obra e interpretación, pero quería comentártela, porque si te encuentras con Borges le puedas decir que no existe el tiempo, ni el ayer ni el mañana, que sólo existe este presente y la memoria, y que no estamos solos aunque lo estemos, porque todos somos todo y Dios está ahí para cuidarnos.

Sandra Arévalo