Nosotros,  los dominicanos celebramos la navidad de una manera tradicional y muy parecida en toda la isla,  una suculenta cena que puede  ser un lechón asado, pavo relleno, pastelitos y los famosos  pasteles en hoja, una paila de moro, ensaladas de todo tipo principalmente la rusa que es ya tradicional en la mesa.  Siempre se cocina opíparamente porque debe quedar para el otro  día y los siguientes,  muchos pensamos que la del otro día, calentada, es un banquete  y se siente mejor,  aparte siempre se le brinda a la visita y  a los vecinos más íntimos  un presente, lo que también permite  intercambio de sabores de casa en casa  que permite degustar las variaciones personales  que también resulta encantador. Suele estrenarse ropa para  el 25 de Diciembre.

La cena de Navidad puede ser tarde en la noche,  no  necesariamente se espera la medianoche  como en algunos países, se sirve en familia, generalmente alrededor del abuelo, el padre  o la persona de mayor edad que representa la historia del clan, luego de bendecida se procede a consumir.  Es de verdad un encuentro familiar que cada año se celebra con fastuosidad y  constituye la mayor celebración afín, ese día  se baila,  se consume vino, ron, cerveza, sidra y   el famoso Ponche Crema  de Oro  como así también el Anís Confite y Anís  del Mono,  que  son preferidos por los  adolescentes.  Para esa noche y toda la semana no faltan las manzanas, peras y uvas y las frutas secas como las avellanas, maníes, nueces y almendras, es una noche de fiesta y de placer que los dominicanos celebramos al máximo, los menores de edad  gozan un mundo con los juegos artificiales (pirotecnia)  como los garbanzos, los llamados cohetes chinos, torpedos, volcanes  y las velas romanas mientras los adultos bailan al  compás de la música popular, muy especialmente los merengues navideños.

Para el año nuevo se repite el menú  navideño pero la diferencia es que más simbólico, mucho más respetable la fiesta en familia,   hay que esperar el primero de Enero  en la casa  familiar,  reunidos y a las  doce  de la noche solemnemente, el abrazo entre todos y la felicitación personal con cada miembro de la familia y amigos, deseándole lo mejor para  el año entrante  es obligatorio,  ese beso apretado entre los  amantes,  entre  hijos y padres,  entre vecinos y amigos, con los mejores deseos  es valorado muy positivamente por la familia,  luego de ese acto privado en cada  casa, se puede salir dependiendo de las actividades de cada uno.  Celebrar a su manera personal,  se  visita a la novia y su familia, o  amigos personales que esperan ese abrazo.   Se suele llamar por teléfono a los que no pueden visitarse en ese momento por la razón que  fuere.

Quiero contarles  mis experiencias en la  celebración de las navidades en las diferentes zonas de mi país y el mundo donde he participado,  comienzo por las de San Pedro de Macorís en el Guano (batey del Ingenio Colón)  donde en la madrugada solíamos recibir la serenata de las gentes del pueblo que formaban coros para comenzar la mañana impregnados con el espíritu navideño.  Ese estribillo en inglés  que los inmigrantes y descendientes de las  islas menores cantaban, se hace eterno y  que nuestro maestro Juan Luis Guerra eternizó: “Good morning, good morning good morning guavaberry good morning, good morning  could hear from the streets Good morning, good morning good morning guavaberry”.  Recuerdo la gran damajuana de la abuela a la que cada visitante tenía el deber de vaciarle una botella de ron.

La modernidad trajo la aventura de esperar el año nuevo  en el malecón del pueblo,  costumbre que poco a poco se está generalizando, pero todavía  se respeta mucho estar en familia. La participación de la Orquesta de Marcos Caminero en el ambiente navideño es un aporte  valioso.

Recuerdo las de Esperanza,  ese pueblo situado en la región cibaeña, en el centro de la isla,  tierra del arroz y la caña de azúcar, de mujeres hermosas y de hombres emprendedores,  un pueblo de mucho calor humano y de grandes  romerías. El club de empleados era famoso por las  fiestas encantadoras,  allá  bajo a la sombra de sus eucaliptos un músico con  su saxo afinado como un mago, hacia vibrar el espíritu  con su ¨Alegre vengo de la montaña, de mi cabaña que alegre está y a mis amigos les traigo flores de las mejores de mi rosal… ¨  y que terminaba si salías  y aportabas  para su navidad,  con éste estribillo inolvidable:  ¨Si no te levantas y me abres la puerta, estaré cantando, estaré cantando hasta que amanezca ¨.  La verdad que emociona el solo recordarlo. Esas navidades en nuestros pueblos son verdaderamente inolvidables,  esas celebraciones en el Cibao son mucho más cálidas porque los niños reciben sus regalos de manos del niño Jesús el 25 de diciembre y participan de las fiestas cargados de regalos y de alegría.

Las del sur,  representadas por las de Yaguate, entre San Cristóbal  y Baní  siguen en las mentes de mi generación, los bailables  son inolvidables, la familiaridad siempre  fue única,  con  mis amigos Ramón,  Manuel y Luis Fernández,   mis primos Quico y Roberto,  Marina y  Fellita, José Osvaldo, Perico, Holanda Jiménez   y el conjunto de toda esa gran familia que cantaba ¨Noche de Paz  –  Un año que viene, otro que se va  –  Navidad,   navidad, hoy es navidad y el  recordado Cascabel, cascabel ha llegado navidad ¨,   visitar   Pajarito y la Cabria,  o subir la loma de Mañanguí, esos parajes sureños llenos de vitalidad,  bailar   con los Compadres y los Matamoros con sus sones cubanos  y los merengues de  Johnny Ventura, Joseito Mateo,  Fernando Villalona o en vivo con los ¨ Perico Ripiao ¨ tan populares en esas zonas y en esa época tan encantadora.  ¿Quieres conocer el placer de bailar la música navideña dominicana?   Visita esos lugares donde todavía se respira la pasión por el ritmo y el sabor campesino.

Para mi familia, y muy  particularmente para  mí se constituyó como la Regla Navideña tradicional tomarnos unas horas con George Reinoso,  un amigo entrañable que visitaba la casa familiar todos los 25 de diciembre   y  compartir un día de tragos, música y el recuento anual de nuestras   vidas,  compartir recuerdos musicales junto a Toña La Negra, el pianista cubano Enrique Chía, Lucho Gatica, Marcos Antonio Muñiz,  Leo Marini,  los Panchos, nuestro inmortal Fernando Casado con sus criollas y esos intérpretes musicales tan recordados que marcaron una etapa de nuestras  vidas tan importantes, me pregunto si esa tradición   de esa visita en la fecha navideña todavía se mantiene.  Quiero aprovechar la ocasión para rendir un homenaje póstumo a esos seres que compartieron la vida  con mucho afecto y que ya partieron a otro estadio,  ellos  siempre están en nuestros corazones y que recordamos en estas fiestas, Rafael Benoní Ariza, Enrique Riveras, Jesús Pineda, Blanca Montes de Oca  y   Doña Tatica Faure ambas del Guano.

En Montevideo, donde he pasado mis últimas  navidades la celebran muy parecidas a las nuestras pero con  detalles  que la hacen diferencias  y propias,  y que las alejan de nuestras costumbres, la cena en ambas fechas son parecidas  pero no utilizan aves  ( ni pavos ni pollos ) porque asumen no consumir nada que camine hacia atrás,  usan mucho cordero y carne roja por su acostumbrado asado,  y también lechón.  Acostumbran a cenar a la medianoche y al toque de las campanas se abrazan, felicitan y se desean lo mejor.  La celebración es muy solemne,  usan vino y champagne  en la mesa para brindar, comen 12 uvas y una cucharada de lentejas cocidas para la prosperidad.  Lo que como dominicano me sorprende,  admiro y deleita es la cantidad de fuegos artificiales  que en ambas fechas y a la medianoche  llenan el cielo con un derroche de belleza que asombra por la variedad de colores, sonidos y majestuosidad en todo Montevideo y en cada ciudad del interior, es imponente  ese espectáculo de belleza que suele darse  en los primeros minutos del 25  de Diciembre y del 1ro. De Enero de  cada  año.  Claro que se celebran grandes  fiestas en los locales y restaurantes preparados para  tal  fin, esperan la navidad y el año nuevo con mucha pomposidad y también con alegría,  cumbias y tangos hacen que los esqueletos  se  muevan rítmicamente.