Todo sucedió en horas, ese  andamiaje se derrumbó y   vino la caída,  un  cambio total, otro  mundo distinto e inesperado, un nuevo enfrentamiento, es que los resultados de los análisis de sangre alarmó al especialista y ordenó el cambio  de  vida  y  sucedió, de buenas a primeras ya  soy  miembro de otro mundo,  otro  dividido en dos, la realidad y la fantasía.

Esa realidad  cruda, real, palpable y humana,  donde la economía muchas veces manda la  vida de los demás,  donde te controla   hasta  la respiración y  el aire se vuelve  denso, es la vida en su  mejor apogeo,  no  hay solución,  hay   que seguirla, y perseguir la felicidad que es el objetivo de todos.    Donde conoces el  amor representado por esa figura que para mí es una institución humana que obedece al nombre de Sandra,  te  encuentras frente a la solidaridad humana que te levanta como persona y que no te deja  solo,  sufren contigo  y  sienten tu dolor, toda la comunidad  dominicana te abraza y   te sostiene.  Es  en la cabeza de Esther,  dominico-boricua, orgullosa cibaeña  oriunda de Santiago,   con muchos años de  vivencia en Puerto Rico,  su segunda patria  y residente en Uruguay de hace  muchos años que por su matrimonio  reside aquí,  y  en la  de amorosa quisqueyana  Lupe,  que viene de Alemania acompañando a su marido  Uruguayo  que se cansaron de conocer el mundo  y han llegado a la patria de su esposo a  brindar a  la comunidad  dominicana  su amor,  su solidaridad  su liderazgo y su respeto al ser humano.

Ellas, junto al gran dominicano y distinguido diplomático   de San Juan de la Maguana de apellido Pineda   se constituyeron en abanderadas de mi causa, se  convirtieron en baluartes de mi  vida he hicieron lo imposible de no dejarme  caer,    claudicar en mi situación era perder, y  perder  significaba la partida,  dejando dolor  en muchas personas   que me quieren.

Además del apoyo de la ciencia,  estaba  a mi  favor  la amabilidad y consideración del equipo técnico de la clínica,  el cariño, la  fina atención y  su trato afectuoso de las enfermeras fue excepcional, gran capacidad del  dominio de los conocimientos  y su forma de ser hacen que su trabajo   fuera inolvidable, para  mí  todo quedó  en mi corazón gravado para siempre, hasta en el quirógrafo sentí la fuerza del amor,  ese  apoyo de Lidya en esos   momentos  de  ese  lugar fue asombroso, todavía recuerdo  su afecto antes de entrar  a las manos  del cirujano.

En ese mundo real mis ángeles en la figura de Sandra, Esther, Lupe, Rafael y la comunidad dominicana, me brindaban la seguridad de que no estaba solo y no me dejaron caer, cada  día era uno más para recuperar la estabilidad  y mantenerme activo en la realidad con la esperanza en mis manos,   me  daban la  fuerza para seguir adelante con  fe,  porque en esos momentos esos  ángeles se constituyeron en una fuerza  positiva llena de luz.

La noche llegaba con su oscuridad y su soledad, todos partían a sus  labores hogareñas y los pacientes,  en la mayoría, nos  quedábamos  solos,  algunos  salíamos  a la gran terraza a estirar los músculos y  en la  medida que la situación lo permitía conversábamos levemente de temas  sencillos,  a  veces un  saludo  como apoyo y  solidaridad a nuestra condición de enfermos,  en ese  gran salón generalmente había un miembro de la seguridad contratado por la empresa para  hacer su trabajo,  identificado por el uniforme que llevaba el  logo  de su la empresa de servicios a la que pertenecían,  tenían la característica de que no conversaban con nadie, su  silencio era  notorio para mí,  aunque admito que los uruguayos son pocos conversadores  con los extraños.

Esa noche en especial, a principios de  mi estadía  en la clínica, salí a estirar los músculos con una pequeña caminada  en el predio que  tenía  disponible,  de pronto mis pies y manos,  mi sistema motor,  no obedece al mandato del cerebro y comienzo a  caer, a desplomarme , en una caída lenta, trato  de mover el cuerpo y no obedece,  reclamo ayuda porque la caída al suelo era inminente  ya que no tenía control  sobre ni dominio  de mi cuerpo, el de seguridad acude a  mi  ayuda y me  agarra  y me sostiene parado,  le  pido que me lleve a la habitación, a  mi cama,  que  ahí me sentía  seguro,  eso  trata  y llama a la enfermera que  viene a mi auxilio con un ayudante,  entre  todos  me  cargan y  caminan  a la  habitación  conmigo a  rastras  hasta que me acuestan en la cama, ahí me aplican las técnicas necesaria, me miden presión, pulso y no sé qué  cosas  más,  solo recuerdo que solicité la aplicación de un calmante que me ayudara, le digo  en mi desesperación que en el  procedimiento personal hay la autorización por el médico de uno en caso  necesario, el enfermero me dice que va a ver y regresa  con una ampolla  que me aplica por medio intravenoso, todo previamente consultado con  la ¨nurse”  de  turno,  de inmediato  me  hace  entrar  en un sopor,  que entre sueño y sueño me siento tan feliz como  hace  tiempo no lo sentía, un estado sobrenatural,  donde todas  las soluciones a mis problemas fueron resueltas  de una manera  increíble,  tanto  así  que me preguntaba por qué no las anotaba,   cuando salí de ese  estado místico,  fui donde la jefa de enfermeras, una mujer joven   rubia de ojos azules,   que no  son raras en este país,   que me socorrió en ese momento, a que me contara  que había pasado  y  me  relató de mi desmayo,  hoy pienso que fue la entrada, el umbral  al  mundo mental, mi primera  experiencia  inolvidable,  es que mi cuerpo se desconectó del mandato del cerebro, se constituyeron en dos unidades independientes en un momento  y cada  una  actuaba sin obediencia, yo lo sentía con mucha claridad.

El acontecimiento de la  caída  no me dejó secuela  negativa,  si quedó en mí esa sensación de paz y de alegría, un sabor agradable que me acompañó en lo adelante porque recordarlo regresaba su efectivo positivo a pesar de que era una desarmonía física  y  como no se volvió a repetir quedó archivado junto a las cosas hermosas de  mi vida.   La vida siguió adelante, todos los días era una repetición del anterior, siempre un cuidado delicado de un personal preparado y que aportaba, dentro de la situación del paciente, un hálito de felicidad que era bien recibido y como el ser humano se adapta  a todo cuando no hay otra  salida,   los días seguían su curso dentro de cierta  normalidad,  la noche  era mucho más compleja,  quedaba solo como tenía que ser, Sandra cumplía  su deber de hija  acompañando a su madre que por la edad no podía estar  sola, cada uno de mis ángeles  tenían  su propias obligaciones  y  además físicamente estaba apto para manejarme  solo en el transcurrir de la noche, aprovechar para recuperar  fuerzas  con  el  sueño reparador y  con la compañía  del equipo de enfermería a  mis necesidades médicas en caso de  necesitarla,  por  eso cada cambio de guardia del equipo  paramédico,  al superiora,  o  nurse  como suele llamarle, en la medianoche visitaba cada paciente para enterarse personalmente de la  situación de cada uno a su entrada  al trabajo,  esa era una visita establecida que si  estaba  en la disposición de responder  uno mismo le  daba una  idea  del estado en ese momento.

A las 2:00  Am de cada madrugada, entraba a mi habitación una  enfermera a preguntarme de  toda la evolución de mis males, una conversación ligera,  repetitiva en cada  ocasión, traía consigo un  cuaderno  donde anotaba algo,  lo  extraño era  que era una mujer de bastante edad, mucho mayor a las enfermeras que  todas eran personas  jóvenes,  ella tenía el pelo con hilos de plata que marcaban cierta madurez, su semblante, aunque con cierta seriedad brindaba confianza,  me parecía como una supervisora de otro  nivel y no emanaba miedo, ya casi me acostumbraba a su llegada cada noche a esa hora. Lo que no me explicaba  por qué venían con un interrogatorio que ya, a pocos minutos,  había  dado a la superiora, y la hora, era  como cortarle el sueño a una persona que más  bien necesitaba ese  descanso para poder  resistir los embates del tratamiento  que eran tan frecuentes en el día. Repito, la conversación,  trivial,  transcurría en unos segundos,  con amabilidad  y  sin aportar miedo ni mucho menos.

Quise averiguar de la visitaba de quien me parecía una supervisora o algo parecido,  independiente de la unidad de enfermería de servicio, pero la respuesta de incredulidad que recibí de las  dos enfermeras conocidas, de cuatro que eran habituales, fueron negativas, por lo que opté por no seguir investigando y dejando eso hasta  ahí,   dado que no me causaba ningún temor la presencia de la dama  inoportuna.

La noche era difícil,  siempre lo ha  sido para  mí  pero en el internamiento en mayor  grado, la televisión no tenía un servicio de tele cable con variedad y con muy pocos  canales, y dormitaba  aunque no lograba profundidad en el dormir, a veces me levantaba en horas de la madrugada y  comía  galletas con mermelada  que mis ángeles me traían de regalo o de la comida que me preparaba  Sandra  con las exigencias de mi dieta, y  siempre con la atención de las enfermeras que estaban pendiente a mi llamado por alguna necesidad y acudían de inmediato cuando apretaba la  chicharra  que  tenía a mi disposición  al lado de mi cama.

Hubo una noche especial, en ese momento que estaba buscando el sueño dando vueltas en la cama, de pronto abro los ojos y me encuentro rodeado de enfermeras, todas con su uniforme blanco, algunas con su cofia sobre la cabeza,  con su pulcritud y  elegancia, eran algunas seis o siete  que me miraban,  rodeaban mi cama y era curioso, no me preguntaron nada, ni me causaron pérdida de tiempo  con ningún tipo de interrogatorio, yo cerré  los ojos y dejé que todo siguiera, como  eso  fue momentáneo no me causó pavor ni ningún efecto extraño, solo sé que me dormí y al otro día  ninguna  de la  de servicio  me dijo nada a pesar de que  eran un número superior al del trabajo,  de  eso solo quedó un breve  comentario a Sandra y pasó,  como dicen,   sin pena y sin gloria.

Esas experiencias, creo que  fueron parte de mi participación en el mundo de la fantasía,  porque como no tengo una solución razonable las he colocado producto de la mente, algo inexplicable y para  mí   palpable,  me sucedió y  no tengo forma de comprender   Creo que fue una participación  con un mundo conocido  que la mente crea, o que, a  saber, existe sin que sea comprensible en éste real.