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La Profesora María Inés Andrade, directora de la revista digital Esquina Literaria y  del taller de literatura en la Casona del Parque Posadas, rindió homenaje a Hugo Mir por su partida. Transcribimos sus palabras. La revista la pueden descargar en http://esquinaliteraria.16mb.com

Hugo Mir
Compañero del Taller La Casona Parque Posadas
“Vengo desde un país de azúcar y alcohol colocado en el mismo trayecto del sol. Llego convocado por el amor y aupado por la grandeza de Zitarrosa, que me convierte en un admirador del país que me acoge, dejando sus estaciones para compartir el frío invierno con sus inquietudes definidas. Tengo dos grandes amores,Uruguay y República Dominicana país de origen, a quienes amo profundamente.”
Así se definía Hugo Mir en diciembre de 2012 en el libro colectivo de taller “Una extraña magia en el azul”. Después de estas palabras vendrían tres textos de su autoría que compartiría con sus demás compañeros y compañeras de taller.
Hoy, 1 de marzo de 2015, Hugo Mir partió, nos deja a todos los que lo conocimos su enorme calidez, una dulzura infinita y aquel saludo y abrazo generoso cada vez que llegaba a la rueda.
Se fue físicamente, pero siempre estará con todos quienes lo conocimos y tuvimos el privilegio de compartir lindos momentos en
el gran círculo, construyendo y disfrutando.
No le vamos a decir adiós, simplemente le diremos hasta pronto querido compañero.
María Inés Andrade

LA FLOR DEL TIEMPO por Hugo Mir – Cuento publicado en el libro “Una extraña magia en el azul”
De pronto Alexis se encontró frente al pelotón de cadeneros que la
blandían con rabia, sin que se cruzaran palabras y sin explicación.
Eran cinco hombres con la peor de las intenciones y con la fuerza
suficiente para segar su vida en segundos; las piernas no le
respondían porque ya el miedo había copado sus reflejos, sabía
que estaba frente a la muerte inminente sin saber por qué, hasta
que pudo ver los ojos negros acusadores que con odio inesperado
le miraba, y su mente recorrió en ese instante su odisea que lo
marcó, y esperó la muerte sorprendido de lo que fue un momento
fugaz en su vida.
Recordó esos ojos que lo invitaron ese día en la mancebía de Lesbia
donde esperaba a Riverita, su compañero que no llegó, por eso la
invitó a compartir con él esas horas de alegría, esos momentos que
la dictadura permitía disfrutar al pueblo enajenando sus mentes.
Era una forma más de mantener el control de las personas con el
terror; todos eran víctimas de un gobierno tiránico.
Desde hacía tiempo llevaba en su cartera una chapa con el
emblema del equipo de béisbol de su simpatía por su preferencia
desde niño, y en esa ocasión le reportó un beneficio inesperado
que él supo aprovechar cuando la misma Lesbia, proxeneta experta
y zorra avispada le preguntó por ella. Lo que respondió que eran
asuntos secretos, y con habilidad escondió reflejando cierto
misterio, que la alcahueta entendió con el mismo propósito que él
quería: un miembro del servicio secreto – calié – espía y soplón al
servicio de los peores intereses del gobierno, dueños de la vida y la
muerte, que le reportaba una atención especial, a que eran
beneficiarios, por el mismo terror a que estaba sometido el pueblo.
Esa tarde conoció el placer de ser atendido como todo un calié sin
tener las manos manchadas de sangre. El alcohol, el ambiente y la
música los transporto a los mejores placeres. Ambos se sentían en
cierta manera identificados, los ojos serenos y su cuerpo armónico
le entusiasmaba, y mucho más, su conversación ligera y sincera le
conmovió. Conoció el drama personal de esa meretriz por fuerza,
que el mismo sistema la empujaba a serlo, la miseria y todo el lodo
de la corrupción social no le ofrecía otra alternativa que vender su
cuerpo a cambio de poder respirar sin derecho a pensar. Era la
triste realidad de todo un pueblo subyugado.
Ese encuentro termino felizmente en un hotel fuera del lupanar
como otro favor a su condición de espía oficial. Hicieron el amor
ardientemente y así se despidieron sin que ella aceptara pago por
sus servicios bien ganados.
En ese momento Alexis se consideró un triunfador. De alguna
manera se había burlado del régimen tiránico usando sus propias
herramientas de dominio y además aprovecho el momento a su
favor, porque las oportunidades no se repiten, pensó que el mismo
corrió un riesgo peligroso si le descubrían su osadía.
Recordó las palabras de esa intelectual en la conferencia
motivadora cuando decía con énfasis ese concepto que le llegó
muy profundamente: ¡Vive el hoy! ¡El pasado pasó y el futuro
viene! ¡Es el hoy que importa, aprovecha la oportunidad! Así que lo
vivió plenamente, dejando atrás esa idea de que faltaba algo más.
La arenga del hoy pleno como que estaba inconclusa, a su manera
de entender.
Nunca compartió esa experiencia con los amigos porque carecía de
dignidad su actitud. Pronto quedo en el pasado donde solo su
recuerdo le producía una ligera sonrisa.
En los últimos años redujo sus salidas, debido a que la dictadura
había recrudecido el terror. Ya el pueblo comenzaba a rebelarse y la
situación se tornó muy difícil. Hasta que una tarde,
sorpresivamente, se decapitó al tirano por personas ligadas a la
misma estructura del gobierno cansados de los abusos continuos e
ilógicos de un ser insaciable, un cambio total en la sociedad, al grito
de libertad el pueblo se desbordó de alegría y festejos, ahora a
cobrar a los culpables la sangre derramada y el dolor por tanto
tiempo, y se comenzó a hacer justicia por su propia mano.
Soplones, espías, caleses escapaban despavoridos del país con las
manos ensangrentadas de una población indefensa, se crearon las
bandas de cadeneros como ejecutores de la justicia del pueblo.
Alexis participó de la alegría mayoritaria. Siempre fue crítico del
sistema anquen en la intimidad, era parte de la euforia colectiva.
Por eso salió con riverita a festejar ese fatídico día. Juntos fueron
esa tarde al cabaret de preferencia de su amigo, un amplio salón
con mesas, música y mujeres. En ese momento no había
parroquianos, posiblemente por la hora, solo unas mujeres
sentadas en una mesa que comenzaron a corear ¡que se vayan los
calieses! Repetidamente, con tanta insistencia que decidieron
cambiar de lugar. Fue cuando en la puerta de salida aparecieron los
cadeneros que lo separan del amigo y lo enfrentan a él solo, cara a
cara, reclamando su vida.
Es cuando descubre los ojos inolvidables que lo acusan; sin tiempo
a explicar, piensa en todo, en su vida trunca, en la conferencia que
por fin entendió su incertidumbre, ¡es que no hay diferencia entre
su pasado, el hoy y el futuro porque es la vida misma, pensó en
este hoy , porque su hoy no se convertirá en pasado y pierde su
futuro. ¡Es eso, la muerte!
El primer golpe y el único que sintió le dio en plena cara, sintió sus
dientes desprenderse y el borbotón de sangre manar, los demás
cadenazos los recibió su cuerpo sin vida.
Inerte cayó entre las cayenas; su sangre regada en la tierra mojó las
raíces.
Todo fue olvidado, sin pena y sin gloria. Lo extraño fue que las
flores de las cayenas amarillas trajeron un centro rojo púrpura
encendido, que las personas suelen llamarle “LA FLOR DEL
TIEMPO” por su exquisito contraste.

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