Era  la cita en el laboratorio clínico, la hora  fijada:  once de la mañana, prefería tarde  pues en mi experiencia  para ésta actividad a esa hora tenia mejor  suerte  y aunque debía presentarme en ayunas no me creaba problemas en mi quehacer del día,  con un buen  jugo de naranja reponía  la sangre extraída.

Llegué justo a la  hora y al desmontarme del autobús en la parada más cercana, que quedaba  en la plazoleta del  complejo comercial   ¨ Tres Cruces  ¨ en la ciudad de  Montevideo, Uruguay donde resido,  amplia y hermosa   entrada  al inmenso  centro,  que los peatones  utilizamos  para llegar  a  nuestros  objetivos,  pues además de albergar  comercios  de  toda  índole  está rodeada de  importantes  empresas, principalmente  de salud,  entre   ellas  la Médica Uruguaya  que es mi mutualista, además  los  sanatorios  Italiano  y  el  Británico, entre  los tres  manejan una  gran cantidad  de  clientes  que forman un conglomerado significativo.

Ese día llegué pensando en el ¨ pinchazo ¨   que no  es la cosa del otro mundo pero me hace pensar,  todo  depende de la habilidad del actuante,  iba con los dedos cruzados y con la esperanza de que me tocara en los cubículos un  número alto que según mi experiencia en ellos me toca una experta trabajadora.   Por  eso me sorprendió  cuando una  chica, muy joven, me llama y me dice que me va a regalar un abrazo;   no tuve  tiempo de tomar una decisión pues ella  tomó la iniciativa  y me  abrazó tan efusivamente  que me cargó  de energía,  sentí que mi cuerpo se llenaba  de  ánimo y sonreí,   su aporte me llenó de poder,  de amor y de salud,  jamás  pensé  que una actitud  de un ser humano podía ser tan positiva.

Me resultó  la mejor  medicina pues me alivió  problemas físicos y emocionales, me eliminó la pequeña  depresión para  la actividad que iba y  mi sistema   de inmunidad  lo sentí fortalecido, me sentí   más vibrante y seguí   hasta  mi destino  con un valor y  fuerzas  indescriptible.

Los resultados positivo de  los abrazos  comencé  a conocerlos por el aporte de una  amiga muy querida cuando trabajaba  en  la Universidad Central del Este en la ciudad de San Pedro  de  Macorís en  mi país la República Dominicana,  los recibía de la compañera  Dinorah Mejia, a la sazón directora de la carrera de Farmacia en la citada Universidad,  ella  tenía el poder de transmitir amor a la vida, felicidad y seguridad  solo con sus  abrazos  que se hacen inolvidables y muy positivos en el alma  de sus cercanos.

He quedado sorprendido por los avances de la ciencia,  se ha establecido que necesitamos cuatro abrazos al día, yo tengo garantizados algunos de esos con mi pareja y amigos cercanos que me los aportan  y que yo trato de corresponder  de la misma manera,  pero ese de la joven que me  sorprendió en  la plazoleta,   quedó  sellado con el recuerdo pues  su efecto  fue  inmensamente positivo,  me regaló  un día  cargado de cosas  buenas.

La joven del abrazo  de la Plazoleta  de referencia,  además de dejarme inyectado de alegría, de paz y seguridad,   me dejó  un papelito con la leyenda  que es causa de su actividad,  y que les  comparto:

¨ La  ciencia y el instinto nos dicen que una buena manera de alcanzar el espíritu es mediante el contacto físico.  Y una de las formas más importantes del contacto es el abrazo.  Con un abrazo abarcamos la totalidad de la vida.

Todos tenemos un anhelo interior que nos convoca a responder con una clase de contacto que afirme nuestro potencial de individuos en desarrollo.  El idioma de los abrazos alimenta el espíritu. ¨

Gracias amiga de la plazoleta  que hizo ese milagro en mi vida, Gracias a  Dinorah en San Pedro de Macorís,  gracias  Sandra que hace ese milagro cada mañana,  gracias al matrimonio Modernell  Bibbó, amigos Uruguayos, ambos son transmisores de positivismo,  y gracias a todas  las personas que hacen de mi vida un santuario de amor con  sus  abrazos.

Por  eso, les envío un abrazo cibernético,  que deseo surta algún tipo de  aporte en sus  vidas.