Programa para  hoy :

espirar, inspirar, aspirar

BUDA

    Chachila nunca fue de mi simpatía, su cuerpo era muy corpulento y tenia un halo de grandeza,  de una velocidad de cuidado  pero  carecía para mí de carisma, me resultaba odiosa  y sin gracia, mas bien reflejaba una  aureola de gran doña que se hacia respetar  sólo con su comportamiento  grosero,  porque su historia  sólo se conocía por las alabanzas de su dueño

     Sólo Arístides Polo hablaba de su clase y pureza   que nunca demostró, pero él pregonaba a los cuatro vientos  sus  cualidades que las decía con tanto orgullo  que muchos la  admitían  como una verdad indiscutible  por el ardor con que expresaba su opinión y mucho más, que con eso mantenía su fama de triunfadora; es que para la época, heredado de la colonia,  ser amo de una yegua  de esa categoría  le daba un  lugar  superior en la  comunidad.

   Yo prefería a No-como-na , yegua baya  de un porte elegante  y clásico, fácil para  enlazar  y muy dócil, con un galope suave  y una  velocidad respetable que muchos  preferían no  discutirle y a pesar de que no pertenecía  al grupo de primera como Chachila y las  de Don Manuel, tenia mas “clase ” que ellas,  y era mucho más popular, por suerte siempre se  respetó la preferencia que tuve por ella y ninguno de mis compañeros  discutió mi posesión  aunque su exclusividad era de la empresa para determinados trabajos.

    El que sí tenia el sello  de “mio ” era el rosillo, de  gran estampa, extrovertido  e inquieto, de mediana estatura  y de gran versatilidad en la monta; nunca he podido olvidar   las  tantas cabriolas  que  juntos efectuábamos en toda la sabana y que era la admiración de muchos, es que había una cierta  unidad entre los dos, ambos nos sentíamos felices con la pareja que formábamos, tanto así que en ocasiones encontraba unas postillas  en mis piernas y al quitarla era unas espina de guasábara  incrustada en mi piel que salía con facilidad, producto de los andares con el Rosillo, mi potro preferido.

     En el grupo de  adolescente de la época se formaba esa unidad entre uno y otro que se creaba por la propia  vivencia, algunas inolvidables como la de Chuchú, el más experto jinete de todos, hijo del encargado de la cuadra del ingenio, y de  “Plumita “  jamelgo bermejo pequeño, que corría como una gacela  y que  con Chuchú “volaba “  en la pista, escribiendo su propia  historia  en nuestros corazones, y a veces para la posteridad, como la epopeya de esa mutual  que el escritor macorisano Churchill González  le consagró en uno de sus libros  al  vencer a un extraordinario jinete  con su  hidalgo corcel, llenándonos de gloria !

   En ocasiones pasaba horas  observando y admirando  las bellas líneas y el comportamiento de dos ejemplares  reservados para el encaste: un alazán de cola amarilla llamado “Brillante ” ,  de una hermosura indescriptible  y de un garbo distinguido, como su compañero “Peter ” que solo lo diferenciaba su color  negro azabache y una imperfección  en la pezuña de la pata derecha que lo hacia cojear, pero si es  cierto que ambos representaban la  esencia de la raza, me dejaba una inquietud que solo con una explicación podía entender; era que no comprendía por qué las más saludables y bellas de las yeguas se la presentaban a Brillante,  que él cumplía complacido  su trabajo con elevada vocación dejando su germen en ellas  para perpetuar su abolengo, y a Peter sólo le llevaban, para  fines de monta, a las burras perpetuándose inútilmente con el nacimiento de mulos para el trabajo; por  eso pregunté por la evidente  arbitrariedad, la respuesta tajante y definitoria : Si Peter  cubre una yegua, jamás monta a una burra ! por  eso dejé mi intervención como defensor  de la estirpe de ese noble  bruto  y seguimos  con nuestra actividad de buscar cañas ” galleticas “o  “cristalinas ” , cangrejos y guayabas en nuestras  aventuras juveniles.

     Hace solo algunos años, viviendo en Jarabacoa asistimos a una competencia  internacional de caballos de paso fino porque el médico veterinario actuante como oficial en la actividad  era mi primo Ricardo, y ese detalle me obligaba a  estar presente.

     Hermosos ejemplares de México, Colombia  y otros países participaban, sin dudas una selección de los grandes triunfadores de toda nuestra américa, un derroche de belleza, una verdadera fiesta  de esparcimiento, una demostración de habilidades.

     Hubo un ganador, todo un Dios de su clase, un príncipe de su raza, y él lo sabia, porque me dejó perplejo  y atónito  de lo que sospechaba de mi experiencia, ése animal se sabia ganador e increíblemente lo vi “posar “para la prensa y noticiarios,  frente a la legión de fotógrafos que llenaban su trono de luz incandescente y él imperturbable permitía a la plebe tomar su imagen de triunfador con una gracia y mirada, para perpetuarse en  el tiempo  con el orgullo de sentirse en la más alta cúpula del triunfo !

     Increíble, bellísimo  apoyado sobre sus patas traseras, me hizo recordar a mis compañeros  que hoy reverencio como mis más fieles amigos de una época inolvidable, que compartieron conmigo su amor a la vida.