Bellísimo espectáculo llegar de noche a Esperanza, es que en la entrada del   batey  está la  factoría del ingenio azucarero. Arribé  el primer día de  molienda y por  mas esfuerzo que  hice  llegué de  noche por suerte para poder apreciar esa factoría alumbrada al final de un viaje oscuro con pocas luces en todo el trayecto, las que habían eran muy débiles y muy opacas por la  baja  calidad de energía.

El ingenio Esperanza queda al noroeste de la isla que ocupa la República Dominicana,  colinda con el pueblo que lleva su  nombre y entre las ciudades de Mao, Valverde  y Navarrete de Santiago.   Una zona  arrocera de mucha importancia por la cantidad  que produce, excelentes  tierras  que caracterizó la calidad  del  azúcar como una de las  mas bellas  de toda la industria  azucarera del país.

Es un dicho popular que las mujeres  maeñas son preciosas, pude comprobarlo  aunque me parece que su simpatía  las hace  ver  diferentes ayudando a crear el mito   y como  entre ambas condiciones tienen mucha similitud  acepto como  válido la creencia popular.

No es  eso solamente, las gentes de allá tienen  otras condiciones humanas  que las hacen diferentes:  son amigables, solidarias y lo que mas las distinguen es su autenticidad, por  eso muy difícil  olvidarlos.  Conocí muchas personas que fueron mis amigos que no eran de la región, sin embargo se portaban con iguales condiciones;   es decir,  es que las gentes de Esperanza tiene la capacidad de cambiar positivamente a los que vienen a  vivir en sus  tierras.

Yo dejé mi corazón en esas tierras, significó mucho mi estadía allá,  a nivel personal viví momentos estelares porque la calidad de sus gentes te arropa, dejé  amigos que adquirieron el  estatus de  hermanos en mi vida y que  ha pesar del  tiempo de que no  nos vemos siguen viviendo en mí como si estuvieran presentes.  En ese terruño tan especial me encontré con  los  macorisanos  Chichí   Polo, Manuel Ramírez y Raul Gallardo   quienes  habían formado  familias  cautivados por esas gentes tan maravillosas;  también conocí fabulosas personas  que  fueron muy especiales  en mi vida,  Juan Eladio Castellanos y  Cipriano Vargas que fueron compañeros de la universidad en Santiago  y compartimos aventuras emocionantes,  entre otras.

Quisiera volver para gozar del amanecer en Esperanza, respirar su aire puro que producen usando como medio  sus  eucaliptos,  y compartir con esas gentes tan valiosas que  solo  saben dar  amor,   que nos  brindaron tanta  felicidad  que  nos han dejado esclavos de su recuerdos.