Hay muchas personas que nos acompañan en éste estado de la vida, a veces  cumplen con su misión en la nuestra y desaparecen que  hasta olvidamos nombres y experiencias  vividas con ellas;  algunas quedan en nuestras mentes por un tiempo  y las recordamos en ocasiones cuando esas vivencias  coinciden con otras  y llega  esa presencia momentánea como un rayo fugaz,  pero hay un grupo especial que siempre dura  en nosotros por siempre, puede  que sea provocado por la experiencia vivida o por algún detalle especial  que permanece para  siempre en nuestras  vidas.

Hoy quiero hacer un homenaje a mi amiga Amparo;  fuimos compañeros de trabajo en el Ingenio Rio Haina como técnicos azucareros  y además aprendimos en la  misma época  en la  Universidad Autónoma de Santo Domingo  UASD   donde estudiábamos la licenciatura en química, nuestra relación de amistad fue muy profunda  y compartíamos diversas actividades en nuestro quehacer diario en el trabajo como en los estudios, éramos, en ambos  casos  un apoyo recíproco  para el éxito de ambas labores.

Tuvimos una convivencia por algunos años muy interesante, eso es suficiente para recordarla  siempre  como una personal especial en mi vida, y como tal así valoro su participación en mi existencia que  aunque no estemos cerca, tiene un pedazo de mi corazón. De ella me quedó un gesto que conservo porque pasó a ser uno de mis tesoros  más  valioso por el impacto que me causó,  les  cuento:

En Febrero celebramos el día de la amistad e intercambiamos regalos en el centro de trabajo, ese  día recibí  un presente muy significativo,  me decía que  como uno de  mis intereses  era la lectura,  había escogido esa novela que pensó me gustaría,   por eso me la presentó en una hermosa encuadernación que  tenia  mi nombre  estampado, un delicado gesto de una persona interesante; por el título y autor desconocido para mi supuse que era una  novela de amor rosa del medioevo porque Amparo era muy dada al romanticismo clásico  al estilo de la ¨ María ¨  de Jorge Issacs  del  siglo  XlX.    El regalo terminó en la mesita de la sala de mi casa, esperando el momento oportuno para iniciar   su lectura  pero esa  primera impresión me  alejaba de ella.

Como nos veíamos todos los días en función de trabajo la pregunta natural  era con relación  a la novela,  -¿La leíste?-, me cuestionaba, -Que te parece?  ¿Te gustó?-, era  el saludo de buenos días.  Pensé  que la solución  era leer la primera página de la novela y aprenderme los nombres de los protagonistas para responderle para saciar  su curiosidad sin afectar a  su  ego.

Esa tarde de Marzo del 1969 abrí el libro para leer  la primera página del apreciado regalo,   e increíblemente me  cautivó tanto que no  solo la primera,  vinieron muchas  una detrás  de la otra,  seguí   entusiasmado hasta después de la medianoche cuando me acosté para dormir tres  horas y ejecutar al otro día el deber del trabajo, y es que solo cumplí con la mañana pues regresé a la casa con el entusiasmo de acabar de leer esa  novela que me cautivó de tal manera  que mi interés  en ese  momento era terminarla por la motivación  que me causaba.   Macondo me trajo  a mi vida recuerdos de una vivencia increíble  de mi pasado.  Es  que la novela se titulaba   ¨ Cien años de soledad  ¨   de un escritor desconocido para mí en ese momento, me  identifiqué  con el y  me convertí en un admirador de su  obra  que  hoy  tiene  una  fama   mundial  y que por  esa  novela le entregaron el Nobel  de literatura en el 1982 al ya famoso Gabriel Garcia Márquez.

Amparo se casó con un Dominican-York  y se fue a vivir a los Estados Unidos que supongo en la actualidad reside allá, yo anduve por la mayoría de los ingenios de  mi país  en funciones de  trabajo y hoy estoy en Montevideo, Uruguay;     que  alegría recibir de ella la sorpresa de que encontró este artículo.

Gracias amiga mía,   por  tu hermoso regalo que me presentaste esa obra aun cuando no tenía la popularidad e importancia  que luego  adquirió y que  hoy sigo embrujado por  sus obras.