Del dolor   todo el rigor
muere con la muerte fuerte:
luego la muerte es mejor,
porque el dolor  de la muerte
es  la  muerte  del  dolor.
  FRANCISCO DE LA TORRE.                                                                                                                                                                                 
 
 
Vivíamos  en la casa  de mi abuelo,  en mi caso porque mi padre había partido  al extranjero  y era lógico que estuviera en el ingenio Caei,  situado al sur de mi país, era una casa  grande propia de la época,  con un  gran patio sembrado de árboles comestibles, plátanos, Ñame, Yuca,  grandes frutales  que dominaban  las alturas  del predio,  mangos y nísperos que servían de habitat a enormes colonias de avispas preparadas para dejar en la piel  ronchas y con un   dolor que era característico de estos bellos  himenópteros  tan común en esa  vivencia.

Jesús se llamaba,  era mi compañero de juegos y  latía  con nosotros en la casa, me llevaba algunos años y por  eso su capacidad de la vida  era  superior, me protegía y  enseñaba  juegos   inolvidables,  creo que mi abuelo era su padrino y   por eso lo protegía,   al extremo que yo  lo sentía como un familiar cercano y muy amoroso.    Recuerdo que ahogaba las avispas  y  luego las revivía enterrándolas en  cenizas,  a mi edad no comprendía la razón de ese renacimiento,  que me  acercaba al tema de la muerte de golpe  de una manera mágica que yo respetaba, a pesar de  mis escasos  conocimientos del tema.

Tenía  talentos  especiales, principalmente  como ingeniero constructor,  su habilidad lo demostraba  en el patio,  teníamos,  bajo las instrucciones de él,  grandes represas  que se comunicaban una con otra, y hasta  la regola para alimentarlas estaba hecha con una precisión   calibrada que asombraría  a  cualquier experto;   el agua  de la  regola  fluía de una cabina a otra con una exactitud y belleza inigualable,  que daba un placer  verla pasar  con esa elegancia  que el artista creaba para deleitar a los espectadores.  Mis  amigos y yo admirábamos  su trabajo, lo  considerábamos  como un real artista de grandes magnitudes,  lo respetábamos y admiramos  aun cuando nosotros mismos  fungíamos como  sus trabajadores bajo sus  órdenes  y éramos parte de esos  resultados.

Pasábamos  muchos tiempos juntos,   con él conocí  gran parte del entorno, nuestros paseos,  que eran aventuras interesantes  nos llevaban  a diferentes lugares donde cada uno tenía sus propias características,  es el  caso  del paraje llamado Pajarito,  el más cercano al batey central;   emocionante llegar por el puente colgante, allá  abajo se veía el serpentín del río que corría entre las rocas,   una pequeña corriente de agua dulce que salía no se dé donde,  y que las mujeres lavanderas  usaban  para su trabajo,  era costumbres  verlas lavando  la  ropa con el sistema de golpeo, y  todas usaban como especie de un compás acoplado para someter a la tela obligándola a dejar el sucio en la corriente. De esas aventuras a Pajarito nunca olvidaré el  día en que Jesús, con gran destreza le  salvó la vida a un niño, hijo de una de las trabajadoras,  que se estaba ahogando y la madre  no lo había notado.

Con Jesús me inicié como acuarófilo pues nos preparaba unas trampas  en el rio y lográbamos capturar algunos peces pequeños, de los llamados  arroyito,  que  eran adaptables para esa actividad  aunque no eran apropiados para  criar  con otras  especies  porque le comían la cola causaban  una muerte segura.  Nuestra pecera  adquirió  gran fama en el batey  pues Yolla nos traía de San Cristóbal o la capital algunas especies de los criaderos especiales,  ya teníamos, además de los  Guppys  de puntitos que los  conseguíamos en algunas corrientes de agua, estaban la gran variedad de  Cola de Espada  que fueron de mis preferidos, por la tranquilidad de su nado y  su hermosa cola,  además de que su reproducción como vivíparos  era muy pródiga, también me gustaban muchos los Cebras, por su rapidez en el estanque,  los Plattis  que eran parecidos al Cola de Espada  le daban hermosura el al conjunto  que  junto con los Goldfish formaban una excelente mutual en el acuario,   el más  majestuoso de  todos  era  el Pez Ángel, verdadero rey del acuario.  El que nunca tuvimos en la crianza   fue el Betta, por su comportamiento agresivo con los demás.  A la verdad  que nuestro estanque y la pecera  que adornaba  la sala eran posesiones  que nos llenaban de orgullo.

También nuestros  viajes a Mañanguí,  la loma   se erguía al sur de nuestros ojos, una gran comunidad que surtía al ingenio de  muchos operarios,  personal obrero que estaba clasificado como un excelente trabajador,   nosotros  visitábamos esa comunidad con amigos de Jesús que nos prestaban atención con gran benevolencia,  ahí conocí los limoncillos  más sabrosos que han existido,   de esos  que, al abrirlos te dejaban la semilla pelada y su  sabor era incomparable, eran tres hermosos árboles que formaban un triángulo y en el medio;  Jesús, yo y los amigos no sentábamos a degustar  ese exquisito  manjar.  Luego con el andar del tiempo,  conocí a muchas personas que eran oriundas de ese paraje, la  mayoría apellido  Vallejo que constituía el mayor núcleo familiar establecido allí.

Cuando se preparaba la gira del ingenio  a Palenque, que cada  familia ocupaba un vagón para el viaje en la locomotora  hasta la playa,   Jesús era uno de los que se encargaba de buscar las hojas de palma para que todos  nos protegiéramos del calor en el viaje,  pero además se  encargaba  de cuidarme en el trayecto,  ese tren, que llevaba una carga de vida humana, iba a una velocidad  moderada,  yo nunca olvido  el acompasado ritmo de las rueda  sobre la vía y esa experiencia  donde se mezclaba ritmo,   sonido, calor,  en el acoplamiento de la mecánica con el hombre, increíble sensación inolvidable, y parece que irrepetible, porque el mismo avance ha mejorado toda esa tecnología romántica que  vivimos,  esa experiencia lleva la compañía de Jesús  que era mi protector,  cómplice y amigo de esas actividades que son parte de mi subconsciente, y que llevaremos siempre,  aún después de la partida  final.

Ya teníamos la costumbre de salir  en las tardes para comer caña, escogíamos en los  vagones del ingenio los que mejor calidad de la carga,    preferíamos las llamadas Cristalinas,  la  reina de las cañas,   una delicia por su  dulzura y  suavidad de  su fibra, él era experto en encontrarlas,  también  las Galletitas,  parecida a las anterior y con una  calidad cercana,  a veces nos conformábamos  con la llamada  Puerto Rico, y hasta la Combatora, que a lo mejor eran ideales para la producción pero para su consumo estaban en el nivel más  bajo. Subirse en los vagones, escoger la caña, usar su cuchillo especial para pelarla  era una aventura inolvidable; pasábamos  horas sobre los vagones cargados de caña libando ese néctar tan dulce.

Teníamos en el patio, sembradas por él,  un cultivo de una caña blanca especial propia  para consumir,  también conservábamos con delicadeza las matas de Chirimoya, que llaman Mamón,   parecida a la guanábana  pero tan dulce que empalaga,   en la actualidad  consigo de ellas en la carretera  Duarte,  antes de llegar a Villa Altagracia, que los campesinos de esa zona ofertan  a los viajantes,  en nuestro lar del ingenio, es una fruta silvestre, o era así en ese  tiempo.

Quizás por su influencia, porque nunca lo vi con un tirapiedras  para cazar pajaritos, inclusive rechazaba el uso de esa herramienta que solo producía dolor a los que nos  brindaban un contacto con la vida,  por eso pienso que su comportamiento, su rechazo por esa actitud, dejó en mí  el que también no figurara en mi pensamiento ningún tipo de cacería contra esos seres de inferior  espiritualidad pero portadores de  vida, belleza y sonoridad.

No sé si Jesús estudió,  supongo que sí porque en mi familia eso era un templo y por lo menos no era analfabeto,  como yo estudiaba en la capital no podía percibir su escolaridad, lo que sí sé es  que terminó asistiendo al taller de  mecánica  del  ingenio donde era aprendiz de tornero, que era una actividad interesante y permitía tener un salario que competía con otras actividades favorablemente,  Se graduó en la Universidad de la  vida y obtuvo su diploma simbólico  como   excelente técnico.

Su nombre, Jesús Pineda, de los del sur:  Barahona o San Juán de la Maguana,  comenzó a tener importancia en el ámbito empresarial y le permitió ayudar a su familia de bajos ingresos, conocí a Juanita Pineda,  su hermana, una mujer pobre que solo tenía la habilidad de parir muchachos fácilmente, a veces  iba ¨pal monte ¨a  hacer sus necesidades fisiológicas y venía con el niño en los  brazos,  un parto envidiable. Otro de sus hermanos,  Alejandro,  trabajaba como obrero  eléctrico  en el  ingenio y a veces se perdía y nadie lo encontraba,  es que se acostaba en los ataúdes que fabricaban para personas pobres, el único que lo veía  era el listero  que ponchaba el día de trabajo.

Ya para la época perdimos contacto, cada  uno asumió otros   roles en la vida y era difícil el encuentro,  hasta que por fin comenzó a visitar la casa donde el abuelo tenía la familia en la capital,  y volvimos de nuevo a  retomar  nuestros contactos, aunque de manera diferente, yo me iniciaba  en el trabajo y comencé  a laborar en Haina, un ingenio cerca de la capital,  él trabajaba, como tornero,  en una  heladería de Santo domingo cercana  a mi casa,  nos veíamos en el tiempo libre de ambos, conversábamos de todos los temas y él siempre amoroso conmigo,  recuerdo  que me regaló  las primeras tarjetas  personales que usé en mi vida, porque  le prestaba servicios especiales de mecánico  a  una imprenta y tenía la facilidad de sus  servicios,  todavía  hoy  conservo una  de  esas tarjetas en honor a nuestra  amistad.

Comenzó a  aficionarse a ingerir  ron que al final terminó totalmente alcohólico, yo no le acompañaba en esa  actividad y en cierto sentido la repudiaba, siempre pensé que no era necesario caer  en el exceso,  eso nos separó  de tal manera que nuestra relación cayó en el peor estado,  a veces  visitaba a la familia pero yo evitaba su encuentro,  por eso me  siento culpable de perderlo,  creo que  fui exageradamente  juez de su vida, cuando no me correspondía esa posición,  ahora comprendo que el  amor debe  superar  esos sentimientos de superioridad  que no son justos,   cuando puedes contribuir  a dar alegría.

Solo  supe que tenía una mujer  que llamaba La Negra,  nunca la presentó a la familia  y mucho menos a mí que estábamos distanciados,  tampoco supe si tuvo hijos  con La Negra o con otra  mujer,   mi endiosamiento  estaba muy alto.  La única  información que me llegó  es que su mujer luchó e hizo lo indecible para combatir su afición al  mal que lo consumía y que le restó en sus relaciones laborables y la lucidez de su pensamiento, todo ese  talento natural que lo acompañaba se vio  afectado  por su dependencia al alcoholismo.

Falleció por no sé qué enfermedad,  partió joven a  ese encuentro con un nuevo mundo indescifrable,  parte de mi familia  asistió al dar el pésame a la viuda, y sucedió  lo que terminó por romperme el corazón:  ella  confesó que él,  en su lecho de muerte, dejó el mensaje de que mi abuelo era su padre, una sorpresa totalmente inesperada, porque,  nunca me lo dijo, pudo hacerme una confesión como un secreto entre amigos, o de alguna manera un asomo de ese secreto  que con tanta abnegación guardó, y otra, la mayor,  por qué mi  abuelo,  un hombre tan noble y  justo,  con tanta  bondad con todos,  lo mantuvo en secreto aunque le dio cierto tipo de protección en la vida.

Que lucha tuvo que vivir Jesús con ese  secreto,  cuánto resistió vivir al margen de una posición social que le correspondía, creo que  tuvo una gran incertidumbre y volcó  toda esa frustración entregándome su amor, porque me amaba  como su  sobrino preferido.

Quiero hacer una especie de evocación,  para liberarme de la culpa que siento al no devolver ese amor que me  fue  entregado,  yo pude, por lo menos, en nuestra edad adulta, no ser tan severo en juzgar su  actitud frente a la vida,   no  tenía el derecho para serlo, y escogí abandonar esa unidad  que desde  niño  tuvimos y negarle el cariño que él me dio pródigamente,  por eso hoy lo recuerdo y le agradezco todo lo que me dio,  y cómo no soy lo suficiente capaz de decidir el futuro,  espero  que en otra oportunidad tenerlo cerca y vivir una etapa de la vida cerca de él,  y le ruego a los seres  superiores que lo protejan y les brinden el amor que él derrochó  conmigo en éste estadio.

Te recuerdo mi compañero  Jesús Pineda, siempre estarás  conmigo, en mis pensamientos,  gracias por lo que me diste en vida.  !!!