Hay un país  en el mundo 
es un poema singular en la historia
de la poesia  dominicana…..
JUAN BOSCH

 

Don Pedro  Mir  lo escribió  en el 1949  en la  Habana, Cuba donde residía  para  la época cumpliendo su exilio de  su país a  causa de la férrea  dictadura  que gobernaba  en la República Dominicana,   su poema   ¨ Hay un país  en el mundo  ¨  luego de conocido en el país   el pueblo  dominicano la  hace suya y se convierte  en el poema emblemático de  toda una  nación que lo recita  y conoce a la perfección,  Por  su obra  el poeta recibe el título de  ¨Poeta nacional de la patria  ¨  que le otorga el congreso Nacional  dominicano,  ratificado por  todo un pueblo que lo reconoce como  tal, posiblemente el mayor premio otorgado a un  dominicano.

Su  obra poética  incluye : ¨ Contracanto a Walt Whitman ¨ (  canto a nosotros mismos )   Guatemala 1953

¨ Amén de Mariposas ¨ en   honor  a las  hermanas Mirabal,  mártires de la libertad  dominicana,  Sano Domingo  1969

¨ El huracán Neruda ¨  Elegía con una canción desesperada  recordando al  poeta  chileno,  presentado por el autor en el Ateneo Español de México  en 1974 y publicado íntegro en la edición  del diario El Pais de México 1974;  Taller, en Santo Domingo en 1974.Premio Nacional de Poesia  1975.

Dentro de sus obras en prosas se destacan :  Tres leyendas de  Colores,    ensayo   de  interpretación  de las tres primeras revoluciones del Nuevo Mundo; El Gran Incendio,  Los  balbuceos americanos del Capitalismo mundial  y    Las  raíces dominicanas de la doctrina de Monroe.   Su  obra  ha  sido objeto de estudio e investigación  en universidades de  todo  el mundo  y  su trabajo publicado extensamente.

 

HAY  UN PAIS EN EL  MUNDO

(Poema gris en varias ocasiones)

Hay
un país en el mundo
colocado
en el mismo trayecto del sol,
Oriundo de la noche.
Colocado
en un inverosímil archipiélago
de azúcar y de alcohol.
Sencillamente
liviano,
como un ala de murciélago
apoyado en la brisa.
Sencillamente
claro,
como el rastro del beso en las solteras
antiguas
o el día en los tejados.
Sencillamente
Frutal. Fluvial. Y material. Y sin embargo
sencillamente tórrido y pateado
como una adolescente en las caderas.
Sencillamente triste y oprimido.
Sinceramente agreste y despoblado.

 

En verdad.
Con dos millones
suma de la vida
y entre tanto
cuatro cordilleras cardinales
y una inmensa bahía y otra inmensa bahía,
tres penínsulas con islas adyacentes
y un asombro de ríos verticales
y tierra bajo los árboles y tierra
bajo los ríos y en la falta del monte
y al pie de la colina y detrás del horizonte
y tierra desde el cantío de los gallos
y tierra bajo el galope de los caballos
y tierra sobre el día, bajo el mapa, alrededor
y debajo de todas las huellas y en medio el amor.
Entonces
es lo que he declarado.
Hay
un país en el mundo
sencillamente agreste y despoblado.

 

Algún amor creerá
que en este fluvial país en que la tierra brota,
y se derrama y cruje como una vena rota,
donde el día tiene su triunfo verdadero,
irán los campesinos con asombro y apero
a cultivar
cantando
su franja propietaria.
Este amor
quebrará su inocencia solitaria.
Pero no.
Y creerá
que en medio de esta tierra recrecida,
donde quiera, donde ruedan montañas por los valles
como frescas monedas azules, donde duerme
un bosque en cada flor y en cada flor de la vida,
irán los campesinos por la loma dormida
a gozar
forcejeando
con su propia cosecha.

 

Este amor
doblará su luminosa flecha.
Pero no.
Y creerá
que donde el viento asalta el íntimo terrón
y lo convierte en tropas de cumbres y praderas,
donde cada colina parece un corazón,
en cada campesino irán las primaveras
cantando
entre los surcos
su propiedad.
Este amor
alcanzará su floreciente edad.
Pero no.
Hay
un país en el mundo
donde un campesino breve
seco y agrio
muere y muerde
descalzo
su polvo derruido,
y la tierra no alcanza para bronca muerte.
¡Oídlo bien! No alcanza para quedar dormido.
En un país pequeño y agredido. Sencillamente triste,
triste y torvo, triste y acre. Ya lo dije
sencillamente triste y oprimido.
No es eso solamente.
Faltan hombres
para tanta tierra. Es decir, faltan hombres
que desnuden la virgen cordillera y la hagan madre
después de unas canciones.
Madre de la hortaliza.
Madre del pan. Madre del lienzo y del techo.
Madre solícita y nocturna junto al lecho…
Faltan hombres que arrodillen los árboles y entonces
los alcen contra el sol y la distancia.
Contra las leyes de la gravedad.
Y les saquen reposo, rebeldía y claridad.
Y los hombres que se acuesten con la arcilla
y la dejen parida de paredes.
Y los hombres
que descifren los dioses de los ríos
y los suban temblando entre las redes.
Y hombres en la costa y en los fríos
desfiladeros
y en toda desolación.
Es decir, faltan hombres.
Y falta una canción.

 

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