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No todos tienen el privilegio de ser hijo de un poeta, un POETA con Mayúsculas como lo es don Pedro Mir, Poeta Nacional Dominicano, reconocido internacionalmente , con una prosa exquisita y una mente abierta para la época, que permitió que su querida isla Hispaniola, ubicada en el mismo trayecto del sol, fuera aún más conocida. Y Hugo Fernando, nuestro Hugo, es su hijo mayor. A pesar de tener diferencias filosóficas con su padre, lo amaba y respetaba, en silencio lo veneraba y con el tiempo, hasta un par de semanas antes de su partida, lo leía.

Estaba repasando el libro “Ayer menos cuarto y otras crónicas” y con presición, el 26 de diciembre le leí en voz alta y él relataba ” La gran hazaña de Limber”. Me confesó que desde un principio le costó mucho leerlo, pues es una narración sin puntuación. Esa tarde Hugo se emocionó con la lectura y no lo terminamos y decidimos dejar para otro momento y ponernos a hablar sobre perros. Así discurrió esa tarde del 26 de diciembre del 2014 en la clínica. Un par de días antes, concretamente el 24, se había sentido muy mal, augurios funestos se esparcieron sobre la habitación. Todos sus amigos dominicanos vinieron, le hablaban y el apenas respiraba.  En determinado momento vino uno de sus médicos, abrió de par en par la ventana, lo sentó bien en la cama, y dijo, “Mir sale de esta. Necesita, luz, aire, conversación, y comer cosas dulces “. Hugo sonrió, el padre Ariel que estaba presente, le tomó la mano y todos rezamos el Padre Nuestro. Toda la familia en Dominicana fue movilizada y las llamadas de sus hijos iluminaba cada vez más su rostro. La paz volvió a la habitación, los deseos de seguir viviendo pudieron en esa oportunidad. Al llegar la noche, las enfermeras se pusieron sus gorros navideños y él y yo, tomados de la mano, despedimos la Noche Vieja para desear una Navidad en paz y así fue. El 25 fue un día ajetreado, pero lo pasó bien y me pidió que le leyera el poema “La Cuna Cerrada”.

Hugo encontró manuscrito por su padre ese poema  y cartas escritas a  su esposa Estela y a ese hijo por nacer que nunca se había publicado y  se lo presentó a Tony Raful, Secretario de Cultura en ese momento y se publicó ese poema junto a las cartas. Él como hijo mayor y destinatario de tan hermosa prosa se sentía orgulloso, este libro de laguna forma era su legado y lo entregaba a personas que él apreciaba mucho. Por eso, cuando lo leímos nuevamente sus ojos se llenaron de lágrimas y detuvimos la lectura. De alguna manera él sabía que su partida estaba cercana, que el encuentro con sus progenitores no se haría esperar. Hoy deben estar los tres – Pedro, Estela y él, contando anécdotas y tal vez  recordando los sueños que no pudieron ser.

Su recuerdo siempre estará presente, en sus libros, sus cuadernos, su lapicera de tinta, sus fotos y su página, esta página: La Cuna Cerrada.

A un mes de su partida, este homenaje con el poema que él más amaba: La cuna cerrada.